Mantener la autoridad moral que da la coherencia es de las cosas más difíciles que se presentan en la vida, no son pocos los dilemas que los seres humanos enfrentamos donde se ven en juego deseos, pasiones, argumentos, experiencias, que al entrar en choque frente determinadas situaciones nos hacen pensar sobre valores, principios y la escala que establecemos ante ellos; sin duda es difícil pretender que las personas siempre reaccionemos de la misma manera ante situaciones diversas y sin embargo creemos que si somos coherentes hay ciertas conductas que cabría esperar; en otras palabras, por más difícil que sea, hemos visto como algo bueno que las personas sean coherentes entre lo que dicen, lo que hacen, lo que han realizado en casos anteriores, la forma en la que los han juzgado, las decisiones que han tomado y las que tomaran. De alguna forma esta coherencia tiene gran relación con el imperativo categórico kantiano “Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal”.
