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Efervescencia y calor en América Latina

Estamos viviendo un momento de suma importancia en América Latina, el giro que se dio a la izquierda revolucionaria motivado por el movimiento bolivariano viene en declive. La dictadura de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello se ha hecho más patente, ya no solo con represión, amenazas, presos políticos, crisis humanitaria, disparos en la calle, paramilitarismo, etc. Sino que recientemente asistimos al autogolpe de Estado donde Tribunal Supremo de Justicia suprimió las competencias de la Asamblea Nacional, y esta a su vez en un acto de defensa ha emprendido medidas para remover magistrados. Un escenario donde nos salimos de los clásicos “choques de trenes” y nos enfrentamos a una especie de estado de incivilidad, donde los poderes del Estado se devoran unos a otros.

Estos serios acontecimientos en Venezuela, han hecho que el mundo empiece a despertar de su aletargada y silenciosa complicidad. Por fin estamos escuchando a la OEA decir que queda activada la carta democrática, algo que debió suceder hace mucho tiempo, sin embargo, como lo explicó nuestro embajador, el Dr. Andrés González Díaz, “Hay que entender que la aplicación de la Carta Democrática Interamericana tiene etapas, es gradual y el punto de partida es la expresión de este sentimiento colectivo. Este es el primer paso. No es nada fácil llegar a este tipo de decisiones. Han sido varios meses de negociaciones”, por lo que probablemente debamos esperar un buen tiempo a que surta algún efecto real. En otras palabras, valdría la pena revisar si ante una emergencia como la que se presenta en este país tiene sentido unos procesos al extremo diplomáticos y paquidérmicos, si de verdad son importantes y efectivos este tipo de mecanismos; o si el pueblo tiene que seguir dando la lucha solo, aunque para bajar al dictador le toque soportar “sangre, sudor y lágrimas”… en palabras de Leopoldo López y Lilian Tintori, resistencia civil en las calles, porque “el que se cansa pierde” y porque las vías de diálogo con un dictador  como el que hoy está en el poder parecen estar agotadas.

En medio de este revuelo y que el embajador de nuestro país estuvo del lado de activar la carta democrática, Nicolás Maduro le recordó al presidente Juan Manuel Santos como en Colombia se hicieron trámites ante la corte y el congreso para desconocer la voluntad popular que se expresó el pasado 2 de octubre de 2016, cuando claramente ganó el No en el llamado plebiscito por la paz, donde se le preguntó al constituyente primario si apoyaba o no los textos acordados con las FARC en la Habana. Sin duda un juego interesante de poderes que sugiere un “hagámonos pasito”, como se dice en mi tierra, pues hay que recordar que en otros momentos se han declarado como aliados y hasta "nuevos mejores amigos", en una lógica de “no te cuestiono y no me cuestionas”, aunque ha sido profundamente criticado el solo hecho de que el presidente Juan Manuel Santos hubiera permitido que Venezuela fuera garante en un proceso de paz a sabiendas de las violaciones a derechos humanos que ha cometido contra sus ciudadanos y contra los nuestros, especialmente en la frontera.

A este escenario se le suma que el ahora el presidente Juan Manuel Santos gobierna con una de sus más bajos niveles de popularidad (según Gallup #117 en febrero reportaba que el 73% piensa que las cosas en Colombia están empeorando, y la gestión del presidente solo la aprobaba un 24%), sumado a la dudosa legitimidad que tiene por cuenta de los escándalos de Odebrecht (según la misma encuesta ya los colombianos en esa medición identifican la corrupción como el principal problema que tiene Colombia, de hecho en esta materia el 85% cree que se está empeorando). Las marchas del 1 de abril, ratificaron ese sentir popular, marchas que aunque fueron convocadas por algunos sectores políticos, en realidad fueron acogidas por un sinnúmero de personas para expresar su descontento ante las políticas del gobierno actual, valga aclarar no necesariamente como respaldo a quienes las encabezaron que fue la tergiversación que algunos medios de comunicación hicieron de estas protestas pacíficas.

Mientras tanto Ecuador da otra lucha, igualmente importante y que se ha convertido en una constante en América latina, y es la exigencia de transparencia en las elecciones ante las múltiples irregularidades que existen, y que para el caso las ha denunciado Guillermo Lasso, quien impugnará los resultados que dan como ganador a Lenin Moreno. Un apagón, actas no firmadas, firmas alteradas, cambio de tendencia en un porcentaje bajísimo, comportamiento inusual en ciertas mesas de votación en comparación al lugar de votación, etc. hacen que los resultados no sean confiables y que por tanto se exija una revisión profunda. Por cierto, contrario a lo que algunos piensan, esta es justamente la actitud más demócrata que se puede asumir, y que incluso deberían asumirla ambos candidatos, pues de nada sirve apresurar la declaratoria de triunfo si se va a gobernar bajo el manto de duda de la ilegalidad y la ilegitimidad que en el futuro solo trae problemas de gobernabilidad. Nuestros países deberían tener clara esa lección.

Por otro lado Paraguay intenta vías de diálogo para superar la crisis generada tras los acontecimientos violentos prendiendo fuego a la sede del Congreso, hechos que ocurrieron tras la aprobación por parte de 25 senadores de una enmienda constitucional que autorizaría la reelección presidencial. Por supuesto no estoy de acuerdo con la vía violenta, pero estos hechos deben hacernos reflexionar sobre lo que ocurre cuando un pueblo no se siente representado, ni escuchado. Vamos de regreso al Estado de incivilidad.

El panorama latinoamericano está candente, se vive una fuerte crisis de institucionalidad (hay que recuperar el orden, el norte, la autoridad), se reclama una verdadera democracia en la que el pueblo sea respetado en su voluntad, donde el Estado de Derecho sea real, se reclama una verdadera actuación de los países hermanos cuando se violan derechos humanos para que estos organismos de integración regional realmente tengan sentido, se pide controles que eviten la corrupción, así como garantías a la oposición y medios de comunicación que ayuden a informar y no sean serviles al poder de turno, todo ello es lo que nos pone a reflexionar en las palabras del Tribuno del Pueblo el 20 de julio de 1810, José Acevedo y Gómez: “Si perdéis estos momentos de efervescencia y calor, si dejáis escapar esta ocasión única y feliz, antes de doce horas seréis tratados como insurgentes: ved los calabozos, los grillos y las cadenas que os esperan”. Es hora de actuar como ciudadanos comprometidos, los intelectuales deben impactar más la cotidianidad, abrir espacios de discusión y debate porque pocas veces nos toca vivir momentos tan decisivos como este en la historia de nuestros países.

 

*Beatriz Eugenia Campillo Vélez (Magister en Filosofía, Politóloga)

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