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¿Derecho penal al vaivén de las emociones?

Hace unos años escribí un artículo titulado “una sociedad incoherente”, allí mencionaba como la sociedad estaba escandalizada por unos padres que habían dado muerte a su hijo, cuando a la vez por esas mismas fechas esa misma sociedad aplaudía la decisión de la corte donde se autorizaba a las madres a poner fin a la vida de sus hijos en sus propios vientres. En estos días nuestro país ha vivido algunos sucesos que vuelven a reflejar esa sociedad incoherente, que es muy dura con unos y muy laxa con otros, donde pareciera que pretendemos tener un sistema penal al vaivén de las emociones. Quisiera referirme entonces expresamente a una pregunta ¿por qué la lógica de la justicia parece no operar si hablamos de las FARC? pensemos en dos noticias recientes:

 

1. La condena contra Rafael Uribe Noguera por caso de Yuliana Samboní, la cual fue de 51 años y 10 meses. Según la juez 35 de conocimiento de Bogotá "La condena a Rafael Uribe Noguera debe reflejar el repudio general que sus actos ocasionaron". Por su parte, la Fiscalía apeló la decisión por considerar que se omitieron algunos agravantes y que la pena debería ser de 60 años de cárcel. Pues si un hecho tan repudiable como este no lo amerita, entonces no se entiende qué lo puede ameritar.

A su vez, se conoció una carta de Rafael Uribe donde pedía perdón a sus familiares y llamaba la atención sobre el infierno que le ha supuesto vivir en el mundo de las drogas y del alcohol. Por supuesto, ante tal hecho, no faltó quien dijera “¿y qué pretende? ¿que con pedir perdón se le deje de castigar?”

Hay dos puntos por aclarar, lo primero es que está bien pedir perdón, y darlo, pero como he insistido en otros textos, esto no puede suponer la eliminación del castigo. Si se quiere se puede perdonar a la persona (dimensión espiritual) en términos de no guardarle rencor, pero otra cosa es el tema de responder por los actos, es decir ser responsable, saber que cada acto trae consecuencias buenas o malas y allí está el derecho penal castigando el acto, la conducta, y esto tiene sentido no solo por la persona misma, sino también por el resto de la sociedad. Hay que preservar el orden.

Ahora bien, en segundo lugar, teniendo claro que el acto amerita un castigo, la pregunta es ¿por qué a esta sociedad le pareció normal llegar a proponer penas alternativas o incluso mínimas a crímenes atroces en el caso de las FARC y hasta premiarlos llevándolos al congreso?, algunos dirán que tienen un "proyecto político" ¿y es que atropellar de la manera que lo han hecho  durante más de 50 años a la población civil se justifica y puede quedar impune solo a razón de una “causa política”?

Recuerdo que muchos el año pasado cuando se discutía el acuerdo decían “¿y usted cree que ellos van a aceptar ir 60 años a la cárcel?”. Ahora preguntémonos, “¿usted cree que a Rafael Uribe se le preguntó si quería ir a la cárcel tanto tiempo?, obvio que no, porque el que tiene la autoridad es el Estado. Ahora bien, en el caso del conflicto con las FARC nos dicen que el Estado también ha cometido errores y que por ello debe evaluarse de una forma distinta. Pregunta ¿acaso usted hubiera aceptado como argumento que Rafael Uribe no estuviera en la cárcel porque el Estado también ha cometido errores?

Curioso, a los que pidieron los 60 años o una cadena perpetua para Rafael Uribe Noguera, nadie les llamó guerreristas. Se cumple una vez más el pensamiento de Pablo Escobar, que pudiéramos sintetizar así: si se hace un daño pequeño (en número de casos) el Estado llega con toda su fuerza y te encarcela, si se amenaza a toda la sociedad, entonces te llaman a hacer la paz y tu pones las condiciones. A todas luces un peligro.

Hay que volver a poner orden, tanto Uribe Noguera merece esa pena, como la merecen quienes han cometido delitos atroces en las FARC, y en los demás grupos. Todos los ciudadanos estamos bajo el imperio de la ley.

 

2. Muchos hicieron escándalo por la presencia de alias “Popeye” en la marcha del 1 de abril, aunque él tenía pleno derecho para marchar. Curiosamente muchas de esas mismas voces que criticaron su presencia en las calles, hace unos meses hablan de paz y reconciliación con las FARC, incluso algunas proponían dar muestras de perdón abriéndoles espacios políticos a quienes ni siquiera han pagado un solo día de cárcel.

Aunque yo no comparto la visión de alias “Popeye”, tengo que reconocerle que pagó 23 años de cárcel, valdría la pena que nos preguntemos cuál es el concepto de perdón que estamos manejando, pues en medio de todo esta persona tiene una autoridad moral mayor que Timochenko y los demás de las FARC para hablar, por una sencilla razón, ya pagó su condena, y por cierto una condena muchísimo más larga que la que se llegó a plantear en los acuerdos con las FARC; en una cárcel de verdad; y hasta el día de hoy sigue inhabilitado para aspirar a cargos públicos. Valga aclarar, que así es como debe ser, pues por Constitución existe esa inhabilidad y lo lógico es que quien ocupe esos espacios sea realmente honorable.

Llama la atención como se rasgaban las vestiduras por ver a alguien que, tras 23 años de estar en prisión, recupera su libertad y sale a marchar como cualquier ciudadano. Pero son felices tomándose selfies con el líder de las FARC que no quiere responder por sus actos y exige que le den el poder (curules y participación política en general) para “manejarse bien” (no volver a las armas). La lógica de un atraco.

En suma, ¿Sabemos para qué sirve el Derecho penal, cuál es su sentido?... ¿o lo aplicamos como se dice en mi tierra “según el marrano”?

 

*Beatriz Eugenia Campillo Vélez (Magister en Filosofía, Politóloga)

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