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El arte de regalar

“Estúpido es creer que el regalo está dentro del paquete, siempre son las manos que lo entregan"

Anónimo

En esta época navideña los regalos son protagonistas, comenzando por el más grande de todos: el que nos dio Dios en su hijo Jesús al encarnarse, motivo central de estas fiestas.  Por ello, para quienes somos cristianos es natural entonces que estemos enfocados en los bienes espirituales, no obstante, como seres humanos que somos nos gusta utilizar lo material para expresar con obras, con hechos aquella alegría que está en nuestro corazón, por ello hace parte de nuestras celebraciones el compartir con el que no tiene y seguramente darle algún detalle a aquellos que ocupan un lugar importante en nuestras vidas, con quienes tenemos una relación personal. Regalos que bien dados pueden tener un significado muy especial y en ese sentido trascienden lo meramente material.

Ya habrá percibido usted amable lector que esta no es la típica reflexión que nos dice que las cosas que damos no importan y que solo importan los sentimientos, algo discutible porque no siempre es fácil separarlo, basta sentir cómo se rompe el corazón cuando un regalo no es bien recibido, cuando no sabemos apreciar lo que oculta un regalo, o como se ilumina el rostro de quien da cuando se encuentra con una respuesta amable, o de quien recibe al saberse reconocido, pensado, amado. Y es que un regalo bien dado requiere conocer al otro, dedicar tiempo a su búsqueda, a veces hacer sacrificios para intentar sorprender y claro, cuidar los detalles; por ello hasta el tipo de regalo que se da demuestra el grado de intimidad en el vínculo que tenemos con la otra persona, lo que pensamos de ella y también refleja quienes somos nosotros. Cabe aclarar que no nos referimos al valor monetario del artículo, el éxito del regalo está dado por lo que genera en el que da y en el que recibe, y por supuesto por un plus, la forma en la que es recordado ese momento.

Es normal, por ejemplo, que en un ámbito empresarial, tanto la institución como entre compañeros los regalos se compren en serie, algunos incluso tendrán algún logo, los mensajes son estándar, y es un buen detalle, pero a nivel personal tienen un bajo impacto, nunca comparable con la trascendencia que tiene aquel regalo que me dio mi papá, mi mamá, mi hermano, mi abuelo, mi primo, mi amigo. Ese “mi” ya demuestra un vínculo más fuerte, y es bonito cuando las personas saben trasladar eso al acto de regalar y lo convierten en un verdadero arte, pues no se dejan llevar por una mentalidad consumista donde a veces se escuchan ciertas expresiones de denotan encarte, se compran cosas “por salir del compromiso”, “lo que esté rebajado y al bulto”, o se opta por salidas tan impersonales como una “tarjeta de compra”, donde sinceramente el más beneficiado es el almacén que la ofrece y lo peor es que borra una de las cosas más bonitas de un regalo: la “huella” sentimental que queda en el objeto. Usted se ha preguntado alguna vez ¿por qué algunos objetos los guardamos con especial cariño y decimos que tienen un alto valor sentimental, aunque comercialmente no valgan casi nada?

Hace tiempo se realizó un experimento social sobre el valor de las cosas, allí a un grupo de adultos se les preguntaba ¿cuáles serían las tres cosas más valiosas que salvarían de su casa en 30 segundos antes de que todo lo demás fuera consumido por un incendio?, las respuestas fueron dinero, el computador, el celular, el bolso, la billetera… acto seguido la pregunta se hacía a niños y sus respuestas eran totalmente opuestas, su ternura sacó más de una lagrima, algunas de ellas fueron: la foto del perrito que murió, el osito de peluche, el libro de la mamá, el chupete. Y el video termina con esta frase “las cosas materiales se pueden sustituir las sentimentales no ¿cuándo dejamos de valorar lo importante?”.

Por cierto, hablando de videos, hay otro que se ha hecho viral, un experimento social donde la primera pregunta es mencionar a máximo dos personas importantes en la vida, luego les preguntan si ya les han comprado el regalo de navidad, hasta ahí todos dicen que sí y con una gran sonrisa suelen decir que al otro le haría ilusión ecibir una cosa o la otra. El problema aparece un poco despues, porque se enfrentan a dos preguntas difíciles, por un lado qué le regalarias si ganaras la lotería, ahí la emoción se sube, y luego la más dura "y si estas fueran sus últimas navidades ¿qué le darías?"... cuando se lanza esa pregunta se hace el silencio y afloran respuestas como "tal vez el mejor regalo soy yo, mi tiempo", o sencillamente intentaría reunir a la familia, etc. y no faltó quien dijo que no le daría nada.

Hay que encontrar un equilibrio, cuando damos las cosas también hay que reconocer que son medios, son formas para expresar sentimientos. Es cierto que hay una sociedad consumista que cree que hay que comprar mil cosas para ser feliz, y eso obviamente es falso, pero entonces aparece el otro extremo de "no des nada para no ser consumista"... y  creo que tampoco se trata de eso. Era bonito cuando algunos objetos, a menundo pequeños y sin valor monetario pasaban de generación en generación como un recuerdo de alguien que ya no estaba... incluso una carta, unos cuadernos, un diario cobraban mayor importancia y son regalos de una carga personal o familiar muy alta. Pero pensemos también que cuando se da un obsequio, o se va de viaje con la familia o los amigos, el valor no lo adquiere el hecho de que vamos a vivir muchos más años o no, finalmente nunca sabremos si  son los últimos días de alguno de los que están allí o de nosotros mismos, lo importante es disfrutar, compartir, porque finalmente y aunque duela la ausencia, en algun momento todos vamos a partir. Lo curioso de este último video es que me sorprendió que nadie dijera con toda tranquilidad: "pues sí, es que de hecho no sabemos si van a ser sus últimas Navidades, es más ni siquiera sé si serán las mias y por eso de hecho siempre pensamos en pasarla genial"

No olvide que aunque aquí he querido destacar ese significado que encierra el hecho de querer regalar algo a alguien, pero que sin duda el regalo más importante es usted, siempre usted, su tiempo… por eso en Navidad vuelva a ser niño de espíritu, alégrese, vuelva a creer, encuéntrese con los suyos y por favor ayude a los demás, hay gente que la está pasando realmente mal, aunque no se pueda solucionar todo alguna ayuda se puede dar. Y bueno, como solemos preguntar en Colombia ¿qué le está pidiendo al niño Jesús?... (acomode la pregunta a su tradición, en otros lados dirán al Papá Noél, a los Reyes magos, o a la Befana).

Feliz Navidad y un próspero 2018

*Beatriz Eugenia Campillo Vélez (Magister en Filosofía, Politóloga)

 

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